PUBLICATIONS

2021.

Natacha Voliakovsky: Transiciones Hacia una Identidad con Menos Peso. Por Marian Venini para Revista El Planteo.

2020.

7 Days: Expanded Edition, edited by Holly Crawford, AC Books, NYC. ISBN 978-1-939901-10-1
Artista imprescindible del mes: Natacha Voliakovsky y su fuerza arrolladora – Maleva Mag por Melisa Boratyn
Cuerpo mutante: féminas en acción – Revista El Gran Otro por Camila Stehling
Being in Time – Performance art. Marty St James. Edited by Zidane Press, 2020. ISBN-10 : 1999764315 / ISBN-13 : 978-1999764319
Entrevista a Natacha Voliakovsky – Relieve Contemporáneo
Todo lo sólido se disuelve en pantallas – Revista El Gran Otro por Camila Stehling
Natacha Voliakovsky, el arte de poner el cuerpo – TN, Todo Noticias por Agustina Rinaldi

2019.

Emergency Index. An annual document of performance practice (Vol. 9 / 2019) Edited by Ugly Duckling Presse (NYC) with the support of the New York Council on the Arts. ISBN: 978-1-946433-84-8
El Arte de Domar la Vida – Revista Sendero por
Nuevo Oro – Publicación digital – Voz y archivo a intervenciones de artistas latinoamericanos por Andrea Ospina 
Sobre bodoques de materia partida de una figura troquelada ya inexistente – Revista Ramona por Jimena Brescia
Te doy mi carne» por Lucila Da Col – Revista Caligari
Sobre el aborto en “El peso de lo invisible”, performance de Natacha Voliakovsky – Leedor.com
Entrevista: El arte en carne viva de Natacha Voliakovsky: “Me considero una sobreviviente” por Demian Orosz – el Diario La Voz
Review: Layers of Erasure – Performance is Alive by Damariz Damken
Women are the life bearers – Creamatrix by Jana Astanov
Militantes del género y la memoria – Ramona
Las performances del 9M – Leedor.com
La rompen: siete artistas jóvenes argentinos que hay que tener muy en cuenta – Maleva Mag
Tendencia extrema: los jóvenes que transforman sus cuerpos en obras de arte – Revista Viva Clarín
El Cuerpo del Escándalo – Periódico de Diseño y Comunicación N 208

2018.

Devorar la norma en tiempos de amenza – Ramona
18 Farklı Ülke, 24 Performans Sanatçısı Bu Çevrimiçi Sergide! – Kitaptan Sanattan
Libro ABC, Beca de Arte Contemporáneo. Pag. 34 a 35. ISBN 978-987-42-7942-2.
Natacha Voliakovsky, Performance postquirúrgica en la Casa de Victoria Ocampo – Leedor
El arte y la lucha en el cuerpo de Natacha Voliakovsky – Revista Kunst
Більше 50 митців з 10 країн відвідають фестиваль перформансу в Києві – Art Ukraine
Emergency Index. An annual document of performance practice (Vol. 8 / 2018) Edited by Ugly Duckling Presse (NYC) with the support of the New York Council on the Arts.
Performers en guerra: Natacha Voliakovsky – Leedor
Art week workshop series – EVenice
Natacha Voliakovsky, el cuerpo presente – Revista Chocha
Masa crítica en un territorio hostil – Ramona
5 increíbles mujeres de Buenos Aires que debes conocer – i-D Mexico
“Camino todo el tiempo en el límite del borde” – Diario El Ciudadano, Rosario
Supervivencia, performance de Natacha Voliakovsky en CEC (Rosario) – Ramona
Treinta artistas mujeres en una mega muestra en el Malvinas – Cultura La Plata

2017.

Ejercicio para la emergencia, una obra de Natacha Voliakovsky para la decimotercera Semana del Arte Rosario – Ramona
Emergency Index. An annual document of performance practice (Vol. 7 / 2017) Edited by Ugly Duckling Presse (NYC) with the support of the New York Council on the Arts. Pag. 196 to 197. ISBN 978-1-946433-21-3
Performance de Natacha Voliakovsky en CC Paco Urondo – Ramona
Natacha Voliakovsky: su performance antes de la marcha NiUnaMenos – Jaque al arte
Un ángel de Orlan en Argentina – Revista Performia

2016.

Diario de una performance – Revista Performia
Pulsión orgánica – Suplemento Cultura, Diario Perfil
Cuerpo y deseo – Suplemento Ideas, Diario La Nación
M.C.B.M.O.L.B.J.B. Ayer y hoy, solo fieles a sí mismas – Ramona

TEXTS

.Una mina en un territorio hostil por Mariana Rodriguez Iglesias

Supervivencia es una máquina de guerra. Como el caballo de Troya, funciona en base a la estrategia del rodeo: busca sorprender antes que evidenciar. Atrapa al espectador a través de los aspectos formales más familiares, los mismos que al poco tiempo de su contemplación comienzan a volverse inquietos, extraños. Veamos de qué se trata: cuerpos que entrenan -algo habitual, del mundo del deporte- pero sin un objetivo claro y por más tiempo del habitual -aquí lo incómodo; una mujer, la artista, marchando solemnemente en medio de otras personas que gritan y levantan banderas con consignas feministas -otra vez, una imagen conocida- y sin embargo, la vemos a ella sostener una tela negra con una frase que supone a priori más dudas que respuestas -intuir que cualquier respuesta será siempre provisoria es perturbador; completa el sistema una serie de objetos de ominosa formalidad, estructuras de las que se podría desprender su uso -si seguimos la lógica conocida- aunque ni bien son activados por deportistas/performers emerge lo absurdo, lo opaco, la noción de que en ese accionar debe haber algo más que una simple idea de entrenamiento.

Toda obra importante es, en el momento de su producción, como aquel regalo/trampa que los griegos dejaron en la playa de sus enemigos mientras ellos dormían muy confiados. «Toda obra con una nueva forma, funciona como una máquina de guerra, pues su intención y su objetivo son destruir las viejas formas y las reglas convencionales. Una obra así se produce siempre en un territorio hostil». Es Monique Witting quien expresa esto para reflexionar acerca del poder que tiene la literatura cuando es revolucionaria en sus formas, antes que en sus contenidos. A Witting siempre le importó -y mucho- el poder que las palabras tienen para evidenciar formas de dominación y, por lo tanto, ser elementos de cambio. Porque lo que pasa con el caballo, que más temprano que tarde los troyanos dejan entrar a sus murallas pues habían interpretado que se trataba de un regalo (y no de algo extraño), es que «finalmente, es adoptado, y entonces funciona como una mina. Crecerá  y hará estallar la tierra en la que fue plantado».

¿Que se espera de tu cuerpo, lo sabes? ¿Qué dicen las posturas físicas de los que te rodean día a día?  ¿Qué pasa cuando no está claro lo que un cuerpo está haciendo?¿te preguntaste alguna vez por tu capacidad para interpretar los gestos corporales de tus interlocutores? ¿O cuantas cosas estas diciendo, sin hablar, simplemente con lo que tu cuerpo hace sin que lo notes? ¿Que cosas de las corporalidades ajenas ponen en crisis tu humanidad?

Para esta exposición en el CEC, Natacha Voliakovsy, diseñó una elaborada máquina de guerra, un sistema en el que el registro, el objeto y la performance aparecen como excusas de aproximación para hacerle mirar al espectador en dirección a ese territorio hostil. Un territorio que es, en términos generales, la codificación de los cuerpos y la reglamentación de su accionar; y, en lo particular, la constante lucha de las mujeres por la supervivencia de sus identidades autodeterminadas, libres y soberanas, antes que reguladas, condicionadas y dependientes. Pero sobre todo, esta tierra adversa es para Voliakovsky, desde los comienzos de su carrera como artista, el cuerpo. Su propio cuerpo. Y aquello que busca, no ya destruir -como señalaba Witting en 1984- sino poner en entredicho e interrumpir son esa serie de convenciones: alcances y límites esperados en la sociabilidad de los cuerpos. Con la performance, en el profundo estado de presencia que Voliakovsky consigue a través de su método, se logra abrir un espacio-tiempo fuera del cotidiano que nos permite a los espectadores reflexionar sobre nuestras propias prácticas físicas. En el estado de presencia, que es presente puro, lo automático deja de ser natural para comenzar a evidenciar su convencionalidad.

Mariana Rodriguez Iglesias
Agosto 2018


.Fragmento por Mariana Rodriguez Iglesias

Natacha desarrolla una obra nada fácil de digerir en la que pone en cuestionamiento los alcances y límites del disciplinamiento e intervención sobre el propio cuerpo. Estas operaciones, aunque concretamente realizadas sobre su cuerpo como muestras de soberanía liminar, son también una forma de metáfora contemporánea acerca de la presión invisible, capilar y hegemónica que el neoliberalismo hace sobre nuestras psiquis y físicos.

Mariana Rodriguez Iglesias
diciembre, 2016


.Fragmento por Mariano Soto

Cruda, contracorriente, ambiciosa, humorística. Pero de las que usan el humor para sacudir zonas de confort. Todos estos elementos podrían ser -y serán- aplicados a ésta obra que Natasha Voliakovsky presenta aquí, en el Cultural San Martín. O a su cuerpo de obra. O a ella misma como artista. Obra. Cuerpo. Artista.
Esta ecuación atraviesa toda la producción de Voliakovsky , quien aún operando sobre el terreno de la belleza nip tuck, consigue ser frescamente polémica y políticamente incorrecta.

Mariano Soto
septiembre, 2015


.Una extraña corona Por M.S. Dansey

Como Cocó Chanel, Natacha Voliakovsky odiaba sus rodillas. Por eso acudió a la cirugía estética, a una lipoescultura –neologismo que hibrida medicina y arte, que pretende quitarle a la práctica su costado siniestro–. Si a los doce años le pusieron ortodoncias para superar el complejo de los dientes chuecos, ahora ella se somete a un procedimiento que le quita la grasa que le sobra en las piernas para rellenarse el rostro. Sí, monstruoso.

Ella es una mujer moderna que viene construyéndose a sí misma desde que tiene consciencia. Ir al taller de pintura a los 13 años tuvo que ver con eso. Eligió el arte intuitivamente por cierta unidad con lo sutil, con lo bello. En aquel entonces sus compañeros del colegio le decían gorda. Para su primera muestra, a los 15, pintó cuerpos mutilados.

Sentirse linda, dice, es una experiencia inestable, volátil. Sin embargo arriesga una definición: sentirse linda es sentirse capaz de cualquier cosa. La belleza tiene que ver con el coraje. Para ella la performance es preparar el cuerpo para atravesar lo incierto. Será por eso que a diferencia de las feministas de los 60s y 70s, que hicieron de la performance una herramienta contra la alienación, que buscaron desmarcarse del capitalismo, Voliakovsky asume las reglas. Las reglas del libre juego del mercado, que es el juego de la seducción y el deseo. El fenómeno de la moda, el canon de belleza, es sobre todo una pulsión social tan violenta como misteriosa.

El cuerpo, claro, ya no es el cuerpo “auténtico”, el cuerpo “obsoleto” como dice Sterlac. Es el cuerpo modelado a fuerza de trasplantes, prótesis y manipulación genética. Y todavía más, es la imagen modicada digitalmente. Es el humano post-humano que con la frialdad del publicitario, el cirujano, el biotecnólogo, sigue a su deseo en este mundo nuevo.

Voliakovsky no es crítica. No quiere demostrar nada, en todo caso muestra. Las cosas como son. El foco está en las heridas, en la carne in amada, medicada; en la velocidad con la que los tejidos se recuperan. La obra transcurre en esa transición. Cuando el mercado de la estética nos muestra el antes y el después, ella nos muestra el mientras tanto. Pero insisto, no hay valoración, no hay compasión, eso es lo disruptivo. Porque si Costantino hace de su liposucción una broma de humor negro, Voliakovsky muestra la suya con solemnidad brutal.

Si Orlan hace de sus operaciones una opereta, Voliakovsky expone los resultados con toda crudeza. Su arte es casi antropológico. No niega, confirma. No ironiza, documenta. Yendo un poco mas allá del plano físico, donde evidentemente está el foco, Voliakovsky carga con la muerte –a decir de Laurie Anderson– como quien lleva una extraña corona.

M.S. Dansey
septiembre, 2015


.No Sólo un Cuerpo

Nuestra percepción del mundo está fuertemente determinada por una gran cantidad de convenciones; «identificación automática» podríamos llamar a esta forma de relacionarnos con nuestro entorno; ella es la que nos dice que no podemos cruzar la calle cuando el semáforo está en rojo o que si un hombre entra a los tribunales con traje y un maletín en la mano, es seguramente un abogado. Una percepción tranquilizadora, que estabiliza el referente. El Arte -podríamos decir que sólo si se trata de Arte- funciona de la manera opuesta, la comprensión estética no es automática sino procesual, y esa comprensión, a la cual nunca se arriba por medio de convenciones, se ve de alguna manera siempre contrariada y nunca termina de cerrar; hay una tensión permanente entre el objeto (o la acción) y sus interpretaciones.

Todos los días, en las grandes ciudades nos cruzamos con otros cuerpos, a veces con cientos o miles de otros cuerpos, y sólo los percibimos como cuerpos, no ya como personas. Es la fuerza de la costumbre, de la repetición de una percepción cotidiana, la que impone esa indiferencia. Pero qué sucede si en forma repentina nos encontramos- en medio de ese paisaje urbano que habitamos- con un cuerpo exhibido en una vidriera, un cuerpo objeto, un cuerpo mercancía, y si esa misma vidriera da a ver al mismo tiempo que vela, que obtura parcialmente la mirada, estimulando así el deseo de «ver más». Cuerpo dócil que nos devuelve en espejo a nuestra propia condición; esa de la percepción automática de «los otros» como objetos, pero nunca de nosotros mismos como tales. Un «cuerpo mercancía» que nos recuerda, muy a nuestro pesar, que todos somos eso.

Creemos en nuestra identidad, en nuestra independencia de criterios, en nuestra «vocación», donde sólo nos constituimos por identificaciones, donde sólo somos productos. El fenómeno de la moda, que con cada época, con cada temporada, nos hace correr detrás de los disfraces del momento que nos «revestirán» de la identidad deseada, para diferenciarnos o para mostrar nuestra «pertenencia», para caducar con rapidez y ser reemplazados por nuevos disfraces -tanto da si se trata de vestimenta, libros o programas de moda que «hay que ver»- exponen las lábiles fronteras de nuestras identidades, más aún cuando el sistema nos inculca, hoy más que nunca, el espejismo de la «individualidad» y de la «responsabilidad personal» en la construcción de nuestros destinos.

Un cuerpo encerrado en una vidriera, el cuerpo de Natacha Voliakovsky, puede decir estas cosas, y muchas otras, mostrando lo infijable del sentido, porque ninguna interpretación agotará el hecho estético, porque toda interpretación se verá desbordada por él.

Un cuerpo que se hace dócil, para mostrar que podríamos ser indóciles, como el sentido.

Marcelo Pelissier
mayo, 2014


.Diferir/ velar / acumular

» Tenemos el arte para no morir a causa de la verdad» Friedrich Nietzsche

La reserva fetal ante el mundo nos muestra una forma de no-ser-de-este-mundo  que no obstante es de este mundo, una trascendencia no trascendente dice P. Sloterdijk. Este autor plantea la rememorización del estado de útero, de cueva. En las grandes culturas, lo escénico, los teatros o lo que él denomina las arenas construyen un útero secundario que constituye la esencia de la civilización. Las performances de Natacha Voliakovsky se plantean tal vez estas cuestiones. Nuestro lenguaje es nuestro mundo, es cierto, pero antes del lenguaje vivimos en un útero y nuestro cuerpo conoce ese saber que es indecible: ese silencio fetal de la respiración, que con su alerta priva de positividad al mundo, lo des-brutaliza, lo desarma.

Lucas Marin
mayo, 2014


.Circuito Cerrado

El biólogo Frans de Waal cuenta que participó de un foro junto al Dalái Lama, donde el líder budista describió cómo la tortuga marina hembra se arrastra por la playa buscando el mejor sitio para poner sus huevos, demostrando preocupación por sus futuros vástagos. ¿Cómo se comportaría la madre si alguna vez se encontrara con sus hijos?, se preguntaba el Dalái Lama. Para Frans De Waal, el proceso sugiere que las tortugas están programadas para buscar el mejor entorno de incubación. La tortuga excava un agujero en la arena por encima del límite de la marea, deposita sus huevos y los entierra, y luego se va. Las crías eclosionan unos meses más tarde para correr hacia el océano bajo la luz de la luna. Nunca conocerán a su madre.

Circuito cerrado. Circuito es un término que refiere al trayecto en curva cerrada, el recorrido previamente fijado que termina en el punto de partida o el terreno comprendido dentro de un perímetro. Cerrado es algo que no tiene salida, que resulta terminante. La noción de circuito cerrado refiere a la interconexión de dos o más componentes con, al menos, una trayectoria cerrada. En la electricidad implica un conjunto de fuentes, interruptores, resistencias, semiconductores, inductores, condensadores y cables, entre otros componentes.

Con componentes muy parecidos, Natacha Voliakovsky en en los Museos de arte: MBA-MAC de Bahía Blanca. crea un circuito cerrado, con acciones que al igual que la electricidad necesitan de cargas negativas y positivas, cargas de atracción y rechazo. Su cuerpo es parte de la obra, inductor y conductor, por momentos pasivo, almacena energía en forma de campo magnético, y otros deja fluir esa energía sin oponer resistencia. Su luminosa desnudez se relaciona con la mayor oscuridad posible, en mutua entrega, como si ambos, oscuridad y luz lucharan por estar juntos, sin desvanecerse, ni mezclarse, ni contagiarse, manteniendo sus propiedades. Como un laboratorio de experimentos, que vincula elementos de la conciencia con el discurso corporal, creando sentidos, significados, sistemas, mundos, religiones, espacios, limites, todo y nada. La luz y la oscuridad, juntos y separados, amigados y enemistados, dos elementos que siempre definen la historia.

«Miro dentro de mí y mi corazón es negro. Veo mi puerta roja, debo pintarla de negro. Quizás así me desvaneceré y no tendré que afrontar los hechos.» The Rolling Stones, «Paint it black» (1966).

Dany Barreto
agosto, 2014